Existen capítulos en la historia de cualquier país sobre los que resulta incómodo poner luz. Más aún cuando son acontecimientos de la historia reciente de un país democrático, europeo y moderno como es Francia. Esto es lo que hace el escritor corso Jérôme Ferrari en su última novela «Donde dejé mi alma».
La historia nos sitúa en el año 1957, en una Argelia sumergida en pleno conflicto con Francia por su independencia. El país galo, envuelto en una caída en picado de su poderío colonial desde la segunda guerra mundial, intentó por todos los medios evitar que el país africano lograra su independencia lo que le llevó a un enfrentamiento que se prolongó desde el año 1954 hasta 1962.
Durante tres días en los que el líder del ejército rebelde argelino Tarik Hadj Nacer es capturado por los servicios de inteligencia franceses, el capitán Degorce, su captor, un hombre curtido en los campos de batalla de medio mundo, tendrá que enfrentarse a los dilemas morales que le plantea el encuentro cara a cara con el mayor enemigo de su patria.
Pero no es ésta una novela meramente histórica llena de datos y sucesos reales, «Donde dejé mi alma» va un paso mas allá. Su autor utiliza el contexto histórico únicamente como el escenario en el que la verdadera protagonista es la culpa, que pueden o no sentir, quienes hacen uso de la tortura y la crueldad para alcanzar su fines, aquellos para los que cualquier acción es justificable y que tienen como premisa única y verdadera aquella frase atribuida a Maquiavelo, el fin justifica los medios.